Hasta las novelas románticas paranormales tienen sentido de profundidad. Del mismo modo, la silla en la que está sentado ha sido comprada (por usted/ sus padres?) en una tienda en particular, que la compró a un proveedor en particular, que la recibió de un fabricante en particular, que posee una unidad de fabricación en particular, todo dentro del nexo de, de nuevo, una situación económica en particular. Y así sucesivamente. Tales cadenas de relación (redes) están implícitas en todos los aspectos de la vida. Lo que es significativo para Deleuze, sin embargo, es que estas (múltiples – ciertamente incomprensibles como una totalidad -) cadenas de asociación finalmente se unen (o al menos se unen, a veces de manera bastante problemática) en un punto de individuación que consideramos como nosotros mismos.

Este es el sujeto excedido – el que está constituido por aquellas cosas más allá del significado o control del sujeto, en vez de a través de alguna cualidad o carácter inherente y esencial. Ahora bien, lo importante que hay que entender sobre esto en relación con nuestra cuestión de lo posthumano como forma discursiva es que como críticos podemos elegir qué cadenas de relación nos gustaría seguir para describir algo. Y es esto lo que plantea una pregunta profunda: ¿es “lo posthumano” meramente la descripción de una cadena particular de relaciones que seguimos mientras buscamos entender lo humano contemporáneo? ¿El posthumano no es más que un privilegio de los discursos de las ciencias biológicas y tecnológicas sobre lo humano?